XIV Olimpiada Argentina de Filosofía

En el año del Bicentenario por XIV año consecutivo, ser realiza la Olimpiada Argentina de Filosofía, cuyo tema trabajaron  3960 alumnos durante el presente año, El derecho a la filosofía como derecho a pensar juntos

El bicentenario no sólo es para nosotros, un hecho histórico, sino que es un acontecimiento que nos mueve a pensar. Pensar no es solo la práctica de una minoría ilustrada, sino una práctica de y para una comunidad, que puede recuperar su historia a partir de una intervención del pensamiento. Pensar es también un derecho de unos sujetos para devenir tales, superando una historia llena de fracturas y fragmentos, como la nuestra. Relacionamos este derecho a pensar con lo que Derrida llama un derecho a la filosofía, como instituir una práctica teórica en común, para pensar un Acontecimiento.

Pero lo entendemos a su vez como un derecho a pensar juntos, a pensar en común. Entonces el derecho a la filosofía, es un derecho a pensar en común, de una comunidad, con sus fracturas, sus rupturas, su falta de memoria o sus abusos del olvido, para que nos recuperemos a nosotros mismos y no festejemos, como mera exterioridad, un acontecimiento como el bicentenario que nos convoca a pensarnos. La Filosofía según la interpretamos es un discurso que interpela las prácticas sociales y que reflexiona sobre lo que algunos Historiadores culturales llaman las “representaciones  sociales” (Chartier) y otros filósofos el “el imaginario social” (Castoriadis).

Las representaciones sociales de mayo del 1810: Indagando en las “representaciones sociales” o en el “imaginario”, en el que se conservan esos acontecimientos fundacionales de nuestro país, encontramos tres representaciones muy intensas que nos mueven a pensar. Las primeras dos son parte de las estrofas  del himno compuesto por Vicente López y Planes y la tercera es parte esa imagen que nos queda del 25 de mayo con el pueblo reunido en la Plaza: “Oíd mortales”, el grito sagrado “libertad, libertad, libertad” y aquella mítica demanda del pueblo en la plaza: “El pueblo quiere saber”.

“Oíd Mortales”: Vicente López y Planes compuso el himno nacional en 1813, apenas tres años después de la revolución de 1810, a instancias de la Asamblea del año 13, la misma que abolió la esclavitud[1] y la tortura. Todos recordamos su comienzo algo barroco:

“Oíd mortales el grito sagrado

Libertad, libertad, libertad”

Pero ¿quién enuncia ese “Oíd mortales”? ¿Quién es ese sujeto que emerge junto con esa enunciación, con ese grito de libertad, que vincula al ámbito de lo sagrado? Esta pregunta nos remite al problema de la emergencia de un sujeto político. Un sujeto político no puede emerger sin afirmar una existencia, una capacidad de acción y de enunciación, que no estaba incluida hasta entonces en la extensión de la noción de lo humano. En última instancia es “lo humano” y las situaciones posibles que abarca esta noción, lo que se redefine a partir de la emergencia de un nuevo sujeto político, como fueron las mujeres en el siglo XX o el proletariado en Europa a mediados del siglo XIX.

El pueblo quiere saber de qué se trata. Es decir un eje epistemológico para pensar el conocimiento como construcción social.

En el presente de nuestra historia los tiempos modernos para algunos o posmodernos para otros, en 1os cuales nuestro espíritu está sujeto a la manipulación de los medios de comunicación masiva y en que nuestras economías estas procesando la crisis internacional, cuando intentamos recuperar las condiciones dignas y equitativas de labor que nos habla nuestra Constitución, cabe realizar una pregunta:

¿Hay lugar para el pensamiento y la reflexión en esta sociedad y en la presente coyuntura histórica? Hay  un lugar para nuestros jóvenes en la escuela para procesar esta realidad compleja, y  fragmentada.

Con frecuencia se nos han transmitido diversas imágenes de los intelectuales:

a) como especialistas que bien nos pueden hablar de problemas teóricos indescifrables para la gente común, como las aporías de las sustancias o la inmortalidad del cangrejo, que nada afectan ni preocupan a los hombres y mujeres comunes;

b) o bien, de aquellos que es bueno tener uno por familia, como lo expresa la obra “M’ hijo el dotor”, de Florencio Sánchez, en la cual queda manifestado el deseo de muchas familias argentinas de tener un hijo egresado universitario, como modo de acceder a niveles de poder y “status” económico-social.

Sin embargo, pensamos que hoy más que nunca reflexión es útil, necesaria hasta imprescindible. Claro que bien podría interrogarnos el interlocutor en tiempos sobre si es que justamente a partir de la crisis es de donde se pueden unificar nuestras experiencias individuales, así como también las colectivas.

Entendemos que de los momentos de crisis afectivas, económicas, psicológicas o sociales,  en las situaciones limites es, precisamente, de donde surgen las preguntas que ya el pensador de Konisberg – nos referimos a Kant-  enunciaba al sostener que no los pensadores, sino hombres se preguntan y  nos ponemos a pensar:

-¿Qué debo hacer?

-¿Qué puedo conocer?

-¿Qué me cabe esperar?

La primera pregunta la responde en el ámbito académico una ética; la segunda, una gnoseología o teoría del conocimiento; y la tercera, una antropología filosófica, pero que en la cotidianidad todo hombre se pregunta y se plantea y trata de responder con una visión, lo más coherente posible, acerca de la realidad. A  no ser que nos dejemos llevar, al decir de Heidegger del qué “se dice”, “se piensa”,  “se hace”, lo que constituye el termino medio de la gente

Este espacio abierto a los jóvenes desde la Olimpiada Argentina de Filosofía dentro de la, Secretaria de Extensión de la Universidad de Buenos Aires y la respuestas de los mismos de todo el país, nos hace pensar, como afirma la profesora de dos de los ganadores de Tierra del Fuego, que participaran de la Final Nacional que se realizara en Villa La Angostura los días 25, 26 y 27 de noviembre, Iván  y Yael, que los jóvenes no sean rotulados y eso va en detrimento de los proyectos.

Es decir si le brindamos el espacio para humanizar las prácticas,  nuestros adolescentes responden y piensan con nosotros, que otro país es posible.


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