El conocimiento y el intercambio, herramientas para construir un Nosotros a partir de las diferencias

Mg. Marcelo Lobosco en la XVI Olimpiada Argentina de Filosofía

Mg. Marcelo Lobosco en la XVI Olimpiada Argentina de Filosofía

Terminada la XVI Olimpiada Argentina de Filosofía, que organizó la Secretaría de Extensión Universitaria y Bienestar Estudiantil de la UBA, dialogamos con su Coordinador Nacional, Mg. Marcelo Lobosco, acerca de las observaciones y sensaciones que le fueron surgiendo durante la realización de este evento que convocó a casi 5300estudiantes de colegios secundarios públicos y privados de todo el país.

Bueno, acaban de terminar un largo y rico proceso que llevó un año, ¿cuál es tu primera sensación?

Es una mezcla de alegría por la experiencia, orgullo por ver, escuchar e interactuar con chicos y chicas de todo el país, con tanta avidez, potencial, ganas de encontrarse… Satisfacción por el objetivo cumplido con creces, teniendo en cuenta que el aspecto humano que te mencionaba también es parte de lo que implica nuestra Olimpiada Argentina de Filosofía.

En artículos anteriores dimos cuenta de la participación record que tuvo este año la Olimpiada. Dejando de lado por un momento ese dato, ¿qué otros hechos destacarías?

En primer lugar, mencionaría que el Jurado –integrado los Doctores Enrique Hernández (Universidad de La Sorbona), Enrique del Percio (Universidad de Buenos Aires) y Miguel Ángel Santagada (Universidad de Quebec)- remarcaron que hubo un mejor rendimiento académico por parte de los participantes. Según explicaron, un 60% de los trabajos presentados por los estudiantes fueron muy buenos y un 20%, excelentes. Es decir, el 80% de los participantes superaron las expectativas de un Jurado exigente.  Solamente ese dato nos llena de orgullo y expectativas.

En el día a día, vi a los chicos muy compenetrados en esto de traducir la experiencia del otro, de entenderlo, interpretarlo, tal como planteaba el tema convocante de este año: “Aceptación, tolerancia: la traducción de la experiencia del otro como problema filosófico”. Esto quedó claramente en evidencia durante el taller dictado durante el desarrollo de la Final Nacional por el Coordinador Académico de la Olimpiada, Eduardo Bianchini, y Virgina Schagen.

Otra cosa que me llamó mucho la atención es que cuando a estos chicos les abrimos un espacio de reflexión e intercambio se metieron de lleno, en profundidad y con compromiso, tomándose su tiempo para procesar la realidad histórico-social y evitando las conclusiones fáciles o el conocimiento “fast food”. Enorgullece verlos reconociendo el valor del conocimiento como mediación para las prácticas sociales y apropiándose de él… es decir, humanizando esas prácticas.

O sea que en la XVI Olimpiada Argentina de Filosofía, que acaba de finalizar, hubo un notable crecimiento en la cantidad pero también en la calidad de los participantes.

Efectivamente. Por un lado, notamos ese crecimiento cualitativo en el desempeño de los estudiantes -en cuanto al conocimiento, comprensión, articulación de problemáticas, manejo del vocabulario y la apropiación conceptual de los problemas analizados desde una perspectiva actual. Por el otro, este año tuvimos un notable incremento cuantitativo en la inscripción, alcanzando el record de 5285, un 25% más que en 2011. Este detalle no es menor, ya que implica que logramos una mayor y mejor articulación entre el nivel medio y la Universidad, tal como destacó durante su intervención en la final el Subsecretario de Extensión Universitaria y Bienestar Estudiantil, Dr. Juan Seda, quien asistió en representación del Secretario Mg. Oscar García.

Organizar y realizar exitosamente un evento de estas características a nivel nacional, con la intervención de tantas personas en las diversas instancias, debe ser bastante complejo, ¿cómo hicieron?

Bueno, en este punto fue clave el aporte de todos los que trabajaron y colaboraron con el Consejo Directivo. Fue notable el compromiso y la efectividad de los Coordinadores Escolares, Zonales y Jurisdiccionales. Su aporte fue determinante para la organización y desarrollo de la Olimpiada y por eso se lo reconocimos especialmente durante el cierre del evento y, además, premiamos la constancia de quienes, en muchos casos, nos acompañan desde hace más de 10 años.

¿Recordás alguna anécdota en particular?

Sí, varias. Pasó algo genial. Durante uno de los exámenes, uno de los participantes expuso una crítica al concepto de libertad afirmando que él no era libre,  que los que estábamos allí presentes tampoco lo éramos y escribió algo así como “y usted, señor Jurado que está evaluando este examen, tampoco es libre”. Fue algo profundo y muy divertido que fue mencionado explícitamente por el Jurado.

¿Y fuera de la competencia, en lo cotidiano?

Durante la convivencia también ocurrieron cosas interesantes. Por ejemplo, fuimos varios los que escuchamos a algunos participantes poner en cuestión si su existencia era real o virtual. Capítulo aparte fue el de las tonadas: al ser un evento nacional, durante la final se congregaron en un mismo lugar, y durante tres días, estudiantes secundarios de todo el país. De esa variedad de cantitos, tonadas y localismos surgió un inesperado elemento que reforzó el valor de la diferencia –te recuerdo que fue el tema de este año- y la posibilidad de entender un “Nosotros” incluyente: somos diferentes, decimos lo mismo de maneras diversas, y pertenecemos a una misma comunidad.  Así, escuchamos cómo los chicos intercambiaban sus expresiones típicas y se sorprendían por cómo una misma cosa se denominaba de diferente manera según la región, provincia e incluso pueblo o ciudad. Comprobaron ellos mismos que, como decía Aristóteles, “el Ser se dice de muchas maneras”.

De lo que contás se desprende que realizar una final durante tres días en el complejo turístico de la UBA, Residencia Inacayal, además de ser algo necesario para concretarla, se constituyó a través de la convivencia y el intercambio en un factor de enriquecimiento para la Olimpiada y sus participantes.

Sin lugar a dudas. Y esto está vinculado a otra cuestión, que es la de tender puentes entre la Universidad y el Secundario, entre la Universidad y la sociedad en la cual está inserta. En ese sentido, los profesores destacaron la posibilidad de intercambio y crecimiento que habilita la Universidad al abrirse hacia la Comunidad, en lugar de quedarse hacia adentro. A partir de ello, rescataron el valor del conocimiento como construcción social, fruto del intercambio y su socialización. Esto lo mencionaron mucho, tanto en el trato cotidiano como en cartas y comunicaciones formales.

¿La XVI Olimpiada Argentina de Filosofía te dejó picando algo de cara a la del año que viene?

Justamente, para la Olimpiada del año que viene nos quedamos pensando en una idea fuerza que surgió tanto de los profesores, como te decía recién, como de los estudiantes: la “Aventura del Conocimiento”, el conocimiento entendido como algo no preestablecido y dado, sino como el fruto de una construcción e intercambio que implica lanzarse a pensar por sí mismos poniendo todo, además, en relación con el otro.

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