Trabajo comunitario SEUBE

trabajo comunitario

¡En el 2014 comenzamos en la Parroquia Santa María Madre del Pueblo de la Villa 1.11.14 y en el 2015 continuaremos!

Próximamente les contaremos más sobre el Programa Integral de Acción Comunitaria en Barrios Vulnerables (PIACBV) de la Secretaría de Extensión Universitaria y Bienestar Estudiantil de la Universidad de Buenos Aires (SEUBE).

Trabajo comunitario de la UBA en Bajo Flores

Buenos Aires, 9 de diciembre de 2014.- La Secretaría de Extensión Universitaria y Bienestar Estudiantil de la Universidad de Buenos Aires (SEUBE), a través del Programa Integral de Acción Comunitaria en Barrios Vulnerables (PIACBV), organizó intervenciones de salud en la Parroquia Santa María Madre del Pueblo de la Villa 1.11.14, que reunió a más de 50 estudiantes y docentes, entre 19 y 25 años, de las carreras de medicina, bioquímica, nutrición y odontología.

Si bien el Programa nació por Resolución del Consejo Superior en 2008 y se desarrolla en los barrios de Cildañez, Fátima, Carrillo, Barracas, Bajo Flores, Pompeya, ubicados en el cordón sur de la Ciudad de Buenos Aires y en el barrio de Zagala, en General San Martín, provincia de Buenos Aires, las redes continúan expandiéndose.

“Llegamos a partir de la audiencia del rector de la Universidad de Buenos Aires, Alberto Barbieri, con el Papa – realizada hace seis meses en el Vaticano-. Allí, Francisco le pidió que habláramos personalmente con los padres Hernán Morelli y Gustavo Carrara, responsables de la parroquia de la Villa 1.11.14., y que los ayudáramos con los trabajos comunitarios en la guardería, la escuela y el hogar”, cuenta Gustavo Galli, secretario de Extensión (SEUBE).

Bajo el sol de las 12, la jornada que comenzó en la mañana reúne a voluntarios y pacientes, en la canchita, las salitas, en la escuela. Todos muestran caras con doble satisfacción. “Me parece un inmenso bien que se está dando y es mutuamente enriquecedor”, explica el padre Gustavo Carrara, del grupo de sacerdotes para las villas.

“Por un lado, se da un servicio muy concreto a esta comunidad. Por el otro, es formativo para los estudiantes. Se requiere profesionalidad pero también sensibilidad social, ponerse en el lugar del otro. Acá hay historias de personas que han sufrido mucho y necesitan ser tratados con cariño, respeto, paciencia”. Y agrega: “También es un modo de acercar la Universidad a estos barrios. Por ahí entusiasmar a los jóvenes para que puedan seguir estudiando. Acercar al mundo universitario es ayudar a integrar estos barrios a toda la ciudad.”, explica el padre.

Por su parte, los odontólogos recibidos en el 2013, Santiago Pandolfo y Luciana Franda, cuentan que vinieron a colaborar “porque es lindo devolver a la comunidad lo que nosotros recibimos como educación, y queremos lograr que todos los chicos tengan educación para la salud. Muchos se nos acercan y nos dicen: “No se cepillarme, no tengo ni idea”, y es complicado, es un trabajo largo. Un día le decís que se cepille y al otro dejan de hacerlo -y enfatiza- hay que intentar seguirlo día a día. Con una buena educación podemos cambiar los hábitos de los chicos”.

La sonrisa de Sergio que, a pesar de tener el hombro recién pinchado, se pone contento porque es la primera vez (tiene 36 años), que le aplicaron la antitetánica: “Me parece bien, más allá de que conocemos a buena gente que está predispuesta a ayudarnos, a los que estamos en recuperación nos contagian las ganas de seguir adelante, porque sabemos que hay alguien que si se acuerda de nosotros, que no estamos solos”.

BARRIO Y UNIVERSIDAD

Matias Palacios, coordinador en campo del Programa Integral de Acción Comunitaria en Barrios Vulnerables, dice:
– “El trabajo de los estudiantes siempre es motivador tanto para los que hacemos el Programa desde la Secretaría y coordinamos en terreno, como para los docentes e investigadores que preparan y coordinan los estudiantes que vienen a hacer sus prácticas al barrio”.
– “Gran parte del valor para los estudiantes repercute en su formación porque acá tienen contacto con problemáticas que no la van a tener necesariamente en los lugares donde realizan sus prácticas. No solo hacen a una cuestión técnica y médica sino también a una cuestión social, socio económica”.
“Si bien salió todo bien en las dos ocasiones este es un lugar prometedor no solo para el trabajo que hacemos ahora sino también para algunas cuestiones que van surgiendo de la demanda del barrio, tanto de los referentes del barrio como de las mismas personas que están para atenderse”.

Máximo Soto, coordinador médico, dice:
“Los estudiantes quedan muy contentos y siempre tienen ganas de volver”.
“Antes el trabajo de convocatoria de estudiantes era personal, pasar aula por aula. Luego fue por mail pero ahora es por Facebook. Se anotan y se pelean por venir”.
“Hay 400 mil estudiantes en la UBA. Si todos salieran a realizar este trabajo, no existirían las Villas. Esta es la idea del rector y me parece genial”.

Nilsia (21), estudiante de medicina, dice:
“Es la octava vez que vengo y es una experiencia increíble. Cada vez que venimos encontramos algo nuevo. Es impresionante empezar con estas prácticas desde el principio de la carrera. Aquí encontramos la motivación pero también aprendemos más. Para mi es una oportunidad muy buena”.
“Algunos son un poco tímidos, otros más tranquilos, algunos me abrazaban, me decían te quiero”.

Eliana Kosiorek, coordinadora de Nutrición, dice:
“Evaluamos a chicos entre 1 y 5 años. Los resultados indican que hay obesidad y sobre peso, pero relacionado con la calidad alimentaria y no la falta. Es decir, hay comida pero no de la calidad que necesitan los niños para crecer. Sin bien no se detiene el crecimiento notamos que sí tienen un peso aumentado”.
“Aquí no es como en el consultorio que las madres están, los calman a los chicos. Acá nosotros venimos con dos equipos, uno se ubica en cada sala y con la ayuda de las maestras atendimos a 30 chicos”.
“No se trata tanto de un tratamiento sino de la educación alimentaria, que los chicos aprendan a comer y a elegir sus alimentos y sus cantidades, siempre pensando en los recursos alimentarios que manejan”.

Facundo Suárez (21), estudiante de Bioquímica, dice:
“Es la primera vez que vengo. Está bueno venir al barrio a aplicar vacunas, te acercás un poco a la gente que más lo necesita y que no tiene la posibilidad de ir a un hospital o no tiene la posibilidad de comprar una vacuna en una farmacia. Seguramente continúe como voluntario”.

Blanca Campos, responsable del voluntariado “Las vacunas van a vos”, dice:“Algunos estudiantes es la primera vez que tienen contacto con la gente del barrio. Primero hacen un curso de capacitación teórico – práctico y después de aprobar la última etapa es hacer un trabajo solidario en un voluntariado en el campo”.”La idea es que los chicos accedan a algo que no tiene la cursada que es el trabajo social. A través del curso que se brinda pueden acceder a tener este contacto que no está necesariamente incluido en la currícula”.

“Es complicada la experiencia. Se nota en los chicos que les gusta. En otro lado no tendrían el acceso a poder vacunar. Incluso nos dicen que quieren vacunar mucho porque no saben cuándo se repetirá la oportunidad. Se ponen nerviosos como todos la primera vez. Hoy cada uno de los chicos que supervisamos vacunaron a más de 10 personas y le agarran la mano al toque”.

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